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A? Por quA� funde la ANIERM ?


El fundador de la AsociaciA?n Nacional de Importadores y Exportadores de la RepA?blica Mexicana –A.N.I.E.R.M.-, metido ahora en trance de crear uno de los mejores campos de golf de AmA�rica, es un hombre de un dinamismo excepcional. Vive al segundo, en prisas perennes. Por eso fue mA?s agradecer la atencion que presto al reportero, cuando este le requiriA? para que expusiera que finalidad le animo a crear la A.N.I.E.R.M.
El seA�or Percy J. Clifford recibiA? al cronista en su elegante morada de las Lomas de Chapultepec, decorada con un gusto refinadA�simo. En atuendo deportivo, sentados en amplios sillones ante una mesita bien servida, el seA�or Clifford, empeA�o asA� su narraciA?n:
-En mis frecuentes viajes a los Estados Unidos y a CanadA?, pude apreciar el ambiente desfavorable que habA�a sido creado contra los productos originarios de MA�xico. Era una situaciA?n muy desagradable, ante la que fracasaban los mejores razonamientos. El ambiente mostrA?base hostil, receloso, poco propicio a condescender a un comercio que, al decir de ellos, ofrecA�a infinitos riesgos. Visite entonces con A?nimo conciliador a los mA?s caracterizados elementos representativos de las CA?maras de Comercio e industriales, cambiando impresiones con ellos, procurando armonizar criterios y ganar voluntades, pero todos mis esfuerzos se estrellaban ante negativas tan corteses como categA?ricas.
-No se esfuerce Ud., seA�or Clifford, argA?A�an mis amistades; reconocemos la bondad indiscutible de los productos mexicanos. Las pieles, la miel, la semilla oleaginosa, los artA�culos manufacturados todo lo que da y todo lo que se transforma en procesos industriales, son de excelente calidad, lo reconocemos.
Pero, A?cA?mo quiere usted que prensamos en negociar con gentes poco escrupulosas que no vacilan en remitir productos esencial-mente diferentes a los nuestros que sirvieron de base a las transacciones?
-Me hallaba- sigue diciendo el seA�or Clifford- ante una grave crises de confianza que esterilizaban los mejores propA?sitos. Era un verdadero desastre ante el que convenA�a reaccionar. A?CA?mo? Esa era, verdaderamente, la parte mA?s ardua del problema.
ComencA� por estudiar las organizaciones que controlaban el comercio de exportaciA?n de los Estados Unidos y del CanadA? y lleguA� a la consecuencia d que s haca de todo punto indispensable intentar la creaciA?n de una organizaciA?n extraoficial que se encargara de supervisar el comercio de exportaciA?n, ofreciendo las garantA�as de solvencia moral y material que pretendA�an los importadores de los productos mexicanos.
La tarea de hilvanar voluntades; de convencer a los escA�pticos y de animar a los timoratos me llevo mucho tiempo. La labor era lenta, pero yo puse en ella tenacidad y fe. Llevaba mucho terreno avanzado cuando se produjo la mayor de las catA?strofes; la guerra y con ella la facilidad de comerciar con quien fuere y a donde fuere.
Si hubiese imperado en ese momento un espA�ritu de defensa patriA?tico, la ocasiA?n hubiese sido excepcional para la conquista de mercados, consolidA?ndose en ellos gracias a una A�tica comercial depurada; pero la ocasiA?n se perdiA? lamentablemente y con ella la oportunidad de establecer conexiones indestructibles.
Fue esa A�poca de las vacas gordas en que todo era vendible; se multiplico centuplicA?ndose el nA?mero de los exportadores, que actuaron con mayor o menor ligereza, de acuerdo con su preparaciA?n o sus egoA�smos. Frente a las casas honestas y serias que sabA�an y querA�an hacer honor a los compromisos contraA�dos, actuaron los advenedizos, los comerciantes ocasionales que buscaban buena presa en el rio revuelto del comercio internacional. En ese caso se llegaron a producir hechos lamentabilA�simos que redundaron en perjuicio de MA�xico. Vinieron las propuestas, las reconvenciones, las amenazas de cerrarnos los mercados. En las Embajadas y en los Consulados de MA�xico fueron coleccionadas protestas tras protestas. Llegaban las quejas y la Secretaria de Relaciones y la de EconomA�a no acertaban a encauzar por buenos rumbos la expansiA?n de los productos mexicanos sobre base perfectamente definidas con sujeciA?n a las normas estA?ndar requeridas por los compradores.
Entre tanto el nA?mero de los exportadores que en 1942, constituA�an legiA?n, llego a su cifra record en 1943. Se acumulaban fortunas en pocos dA�as los cafA�s habA�an venido a convertirse en lonjas de contrataciA?n.
Entonces fue cuando se afianzo en mA� el propA?sito ya viejo de construir una agrupaciA?n de exportadores. Ya no era posible deferir por mA?s tiempo esa medida de salvaciA?n. Iba en ello el buen nombre de MA�xico, el prestigio de nuestra producciA?n, la garantA�a de la buena fA� de los exportadores honestos.
Me puse en acciA?n recabando las primeras colaboraciones. Uno de los que levantaron bandera con mayor entusiasmo el seA�or A?ngel de AnA?zita. Pronto contamos con el concurso, preciado para nosotros y para la idea porque propugnamos, del seA�or Melchor Ortegaa�� Se harA�a interminable la lista de nuestros colaboradores y asA�, al calor de esta improvisaciA?n, podrA�a incurrir en omisiones lamentables. Por eso le ruego que los excuse.
-Lo cierto, lo evidente a�� sigue afirmado el seA�or Clifford a�� es que lo que al principio nos pareciA? tan difA�cil, fue acusando sus perfiles, tomando forma. Y llegA? el dA�a del gran triunfo: el dA�a 19 de Mayo del aA�o 1944 fue firmada presencia del Notario PA?blico No. 50 de la Ciudad de MA�xico, Licenciado JosA� MarA�a Pacheco, el acta de constituciA?n que quedo registrada en el volumen 134 del Protocolo Notarial, con el nA?mero 9374.
El seA�or Melchor Ortega, en funciones de primer presidente de la entidad cuido de articular todas las voluntades iniciando los trabajos de relaciA?n con las representaciones diplomA?ticas de las naciones americanas transcontinentales. La tare era ardua, pero pronto se echA? de ver la trascendencia de la obra iniciada. Se fueron ganando voluntades, se iniciaron tA�midamente las primeras conquistas de orden moral y materia. Y asA�, dA�a tras dA�a, el embriA?n de la A.N.I.E.R.M. fue ganando en lozanA�a, en esplendor, en prestigio.
Hoy llega a su mayorA�a de edad la A.N.I.E.R.M. su prestigio se sienta sobre bases muy sA?lidas, Su consejo es solicitado y los puntos de vista que expone son estudiados con interA�s por que es el dominio pA?blico que no defiende causas inconfesables. ActA?a pura y simplemente en defensa de prestigio de MA�xico, en pro de los intereses legA�timos de los exportadores e importadores.
Yo me siento orgulloso de mi iniciativa. SA� que sin el concurso entusiasta de quienes dieron firmeza y volumen a mi idea no habrA�a sido posible realizarla; todos ellos laboran en beneficio de la RepA?blica A?QuA� cosa mejor podrA�amos desear nosotros?
Ahora se abren ante la asociaciA?n Nacional de Importadores y Exportadores de la RepA?blica Mexicana las vastas perspectivas de una Europea que se va recobrando, cicatrizA?ndolas heridas que abriA? en su economA�a la A?ltima guerra, las de los mercados de AmA�rica y de Asia, donde los productos mexicanos son tan solicitados.
En los hombres de Gobierno del Presidente AlemA?n estA? la fuerza que pueden delegar para que los productos mexicanos lleguen a todos los mercados revestidos de una garantA�a real. Deben exportar quienes pueden hacerlo con juntos tA�tulos, amparados por una cedula de exportador expedA�a por la A.N.I.E.R.M. las mercancA�as clasificadas con sujeciA?n a las nomenclaturas especifica de la Direccion de Normas han de ir amparadas por certificaciones de calidada�� A?A quA� menos puede aspirarse?
Los actuales directivos de la A.N.I.E.R.M., tienen en el Gerente de la Entidad seA�or Carlos A. CalderA?n el hombre conocedor de los grandes problemas del comercio internacional capacitado para hacerles frente con garantA�as de A�xito. Hemos de fiar con A�l, en su espA�ritu creador, en su laboriosidad contagiosa. No habremos de tardar a��afirma el seA�or Clifford – en ver como la A.N.I.E.R.M. cobra mayores vuelos, yendo de conquista en triunfo y de A�xito en victoria. La bandera de la A.N.I.E.R.M. cobran mayores vuelos, yendo de conquista en triunfo y de A�xito en victoria. La bandera de la A.N.I.E.R.M. con su simbolismo, presagia grandes realizacionesa��
Pensemos piadosamente a�� termina diciendo el seA�or Percy J. Clifford- en los socios que murieron sin alcanzar a conocer los esplendores del presente a los que ellos contribuyeron, con sus consejos, con sus exportaciones y con su concurso estimulante.

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